Objetivo: 1984

“Los más dotados, que podrían convertirse en un núcleo de descontentos, sencillamente son identificados por la Policía del Pensamiento y eliminados.”

George Orwell, “1984”.

Tímidamente y con cuentagotas, algunos de los medios convencionales van desvelando algunos de los planes que, con excusa de la actual pandemia, el Sistema empleará para someter poco a poco a la población en todos los aspectos sociales y con los que, de facto, eliminará cualquier atisbo de libertad que aún quedara en esta nefasta democracia.

Bajo esta premisa, se van deslizando algunas medidas que ya se están implantando como la vigilancia en las redes sociales, asunto ciertamente delicado y polémico por atentar contra la tan cacareada libertad de expresión pero que será bien recibido por el rebaño al hacerle creer que así estará más protegido, o el control de nuestros movimientos gracias a los teléfonos móviles, con el pretexto de identificar a aquellos “inconscientes” e “insolidarios” que no respeten el confinamiento. Ni que decir tiene que estas medidas, a buen seguro, han llegado para quedarse, puesto que la amenaza de nuevos virus o un rebrote del actual siempre será una buena razón de cara a la masa para seguir vigilándonos. Este escenario sacado directamente de las más terribles novelas distópicas se complementa además con otras medidas como el establecimiento de una suerte de ministerio de la verdad formado por medios oficiales u oficiosos, bien pagados con dinero público, encargados de “verificar” las noticias y dictaminar lo que es cierto y lo que no, estigmatizando a quien ose contradecir esas verdades oficiales.

Dado que el coronavirus está siendo una herramienta muy eficaz para que el Sistema ponga a prueba el nivel de sumisión del pueblo, que por desgracia no solo acepta perder todas sus libertades sino que además lo aplaude, nada parece indicar que el Sistema vaya a limitarse a vigilar lo que hacemos y decimos sino que nos acabará imponiendo vacunaciones masivas y microchips, desaparecerá el dinero físico, aumentará irremediablemente la deuda de todos los países europeos, etc. y todo ello mientras el clima social creado aumentará la desconfianza entre vecinos y los chivatazos. Todos aquellos disidentes que se atrevan a alzar la voz contra estos desmanes serán a todos los efectos tratados como terroristas.

El mundo planteado en “1984” ya se está materializando ante nosotros, y la mala noticia es que Orwell se quedó corto.

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