Adolf Hitler, profeta del honor. Por David Myatt

El 20 de abril celebramos el nacimiento del hombre más grande de todos los tiempos: Adolf Hitler. Celebramos su excepcional Triunfo de la Voluntad: su creación de un movimiento noble e idealista y su logro al llevar ese movimiento a la victoria contra un enemigo poderoso y perverso, usando únicamente su propio carácter personal. Porque fue solo a través de su propia voluntad, su propio coraje, su propia nobleza y su idealismo que él, una persona desconocida pero honorable, tuvo éxito frente a todo tipo de dificultades.

Celebramos los valores que defendió y que él mismo, cada día de su vida, encarnó: los valores arios del honor, la lealtad y el deber con su pueblo. Sobre todo, lo recordamos en este día especial como el heraldo, el profeta, del idealismo ario representado en el honor personal.

Porque fue Adolf Hitler, y solo Adolf Hitler, quien nos hizo conscientes de lo que es valioso e importante en nuestras propias vidas: fue él, y solo él, quien nos mostró la forma en que podemos y debemos vivir si queremos cumplir nuestro destino como arios. Fue Adolf Hitler, y solo Adolf Hitler, quien por primera vez nos hizo conscientes de lo que significa ser ario. Su propia vida es un ejemplo para todos nosotros de lo que significa ser ario.

Es por ello que debamos reunirnos en este día especial y recordemos y celebremos la bondad, la nobleza y el coraje que poseía Adolf Hitler y de los que fue un brillante ejemplo. De este modo, nuestros perversos y deshonrosos enemigos se lamentarán, maldecirán y rechinarán los dientes mientras nosotros, los seguidores de Adolf Hitler, nos reunimos una vez más a lo largo de todo el mundo -ya sea en pequeños grupos, en grandes grupos, en privado, en público o individualmente- para honrar al hombre más grande de todos los tiempos.

Con cada año que pasa, nuestros números crecen a medida que nos mantenemos vivos y difundimos entre nuestra gente la verdad sobre Adolf Hitler y su movimiento idealista y ario. Así que este año, como en los años pasados, levantemos los brazos derechos en nuestro saludo ario y lancemos nuestro inmortal grito de guerra: ¡Heil Hitler!

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