Un nuevo comienzo: la visión revolucionaria del nacional-socialismo. Por David Myatt


Debido al genio y a los gloriosos logros de Adolf Hitler, al sacrificio de sus seguidores y al fraguado de la esencia del nacional-socialismo en la caldera que fue la Primera Guerra Sionista (50-56 E.H.), estamos listos para dar el siguiente paso adelante en nuestra evolución humana. Este paso nos involucra en la comprensión consciente del verdadero significado de nuestras vidas y del uso de nuestra voluntad para actuar sobre esta comprensión, cambiándonos así a nosotros mismos, y al mundo, a mejor a través de tal Triunfo de la Voluntad.

Este triunfo de la voluntad nos aleja del modo de vida semiprimitivo que aún sigue la mayoría de la gente. Esta senda semiprimitiva es la senda del individuo, del ‘yo’: de la búsqueda de comodidad material y felicidad personal solamente para nosotros mismos y nuestra familia inmediata. De esta manera, nos encontramos a nosotros mismos bien como dueños de nuestro futuro, nuestro propio destino, o bien como subordinados de una concepción semiprimitiva, sin vida, de alguna deidad remota y todopoderosa o de algún remoto Estado político inhumano.

Si bien esta concepción moderna y materialista de la humanidad, con su existencia hedonista e individualista, está un paso más adelante del estado de barbarie absoluta en que vivieron nuestros antepasados ​​prehumanos, sigue siendo una forma de vida semiprimitiva. Porque de esa forma hemos olvidado, o nunca sabido, que nosotros, como individuos, dependemos de la Naturaleza, somos solo un nexo entre el pasado y el futuro de nuestra colectividad, y lo más importante, tenemos dentro de nosotros el poder para comprender racionalmente nuestra existencia y actuar en base a esa comprensión de una manera positiva, beneficiosa para la Naturaleza, de modo que así continuemos nuestra evolución como seres humanos.

La verdad sobre el nacional-socialismo es que restaura en nosotros la conexión vital, orgánica y numinosa que hemos perdido durante los siglos que hemos vivido de esta manera semiprimitiva: la conexión con nuestro pueblo, con la Naturaleza y con el Cosmos en evolución.

Esta comprensión de nosotros, como individuos, siendo parte de una colectividad como pueblo, que es la manifestación de la Naturaleza, y del mismo modo siendo parte de la colectividad que es la propia Naturaleza, es una visión revolucionaria que nos devuelve al lugar que nos corresponde en la Naturaleza y el cosmos: un enlace vivo y orgánico, un nexo que nos puede conducir hacia nuevas posibilidades. Es decir, que nosotros, como nexo, tenemos el potencial para alterar el futuro de la vida aquí en la Tierra, y en el cosmos, de una manera positiva y evolutiva.

Y es esta visión revolucionaria sobre la verdadera naturaleza de nuestra existencia -sobre nuestro verdadero propósito evolutivo, como seres humanos individuales- lo que los enemigos del nacional-socialismo odian, quieren suprimir y después destruir. Porque esta visión es una amenaza para el estilo de vida que han creado estos enemigos del nacional-socialismo para la mayoría de la gente de hoy: la vía del materialismo, de un capitalismo global que considera al individuo solo como consumidor y productor, algo a ser manipulado y utilizado en la búsqueda de beneficios y bienestar material.

Una nueva forma de vida

El nacional-socialismo muestra que nuestra vida tiene un propósito glorioso y positivo, y que cuando nosotros, como individuos, hallamos y seguimos este propósito, nuestras vidas mejoran de una manera dichosa que de otro modo sería imposible.

La nueva forma de vida que ofrece el nacional-socialismo es la forma del equilibrio: donde nuestra familia, nuestra comunidad y nuestro pueblo son entendidos como un medio por el cual podemos mantener, fortalecer y desarrollar el nexo que nosotros, como individuos, somos. Y mantenemos, fortalecemos y desarrollamos este nexo cuando defendemos los valores idealistas y nobles de la razón, el honor y la lealtad, y cuando cumplimos nuestro deber tanto con nuestros antepasados ​​como con el futuro a través de nuestro propio Triunfo de la Voluntad.

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