El parto en la sociedad actual. Por Dunkelheit

Publicado originalmente en la revista Hijas de Europa en 2006, revisado en 2019.


Introducción

La capacidad de crear vida y dar a luz a un nuevo ser después de haberlo formado, alimentado y protegido en nuestro interior durante nueve meses es la máxima expresión de la feminidad, del amor y del compromiso entre un hombre y una mujer, la culminación de un poder y deber natural que se nos ha otorgado a las mujeres para poder continuar con nuestra estirpe. Es una ley natural incorruptible desde que la naturaleza decidió que formáramos parte de este mundo. Durante miles de años, las mujeres hemos llevado a cabo este acto bajo esa misma ley que lo creó, la ley natural.
Como mujeres nacionalsocialistas, defensoras de nuestra capacidad, deber y privilegio natural de crear y alumbrar vida, responsables directas de la continuidad de nuestra raza y orgullosas de serlo, sentimos la necesidad de hablar de un tema poco tratado y analizado que no puede dejarnos impasibles.
Si bien todos somos conscientes de la sociedad decadente en la que vivimos, donde los valores sanos y naturales van disminuyendo a pasos agigantados, ahora debemos lamentarnos cada vez más de que el nuevo orden mundial impuesto, materialista y siniestro, está alcanzando y corrompiendo los aspectos más bellos de la vida de cualquier hombre y, por supuesto, con mayor intensidad aún, de la de cualquier mujer. Hablamos, desde luego, del alegre momento de ser padres.
El objetivo de este artículo no es otro que denunciar la situación de indefensión frente a nuestro sistema sanitario en la que se encuentran muchas mujeres desde que se quedan embarazadas hasta el momento de dar a luz.
Si no era suficiente con el fomento del aborto, las inexistentes ayudas a las madres españolas sin recursos o con dificultades, la imposibilidad de acceder a una vivienda digna para los jóvenes que desean crear su hogar y todos los ,problemas que debemos afrontar hasta lograr formar una familia… desde hace unos años, demasiados ya, se viene atacando al momento más íntimo, personal y culminante de nuestro proceso vital, sin duda el sentir y ver nacer a nuestros hijos.

Lo que debería ser, y no es

Todas las mujeres hemos imaginado alguna vez cómo será y cómo queremos que sea ese momento, dónde, cómo, y con quien. Nos hemos preguntado si el dolor será tanto como dicen, si durará mucho, cuánto tardaremos en poder ver la carita de nuestro bebé, si habrá alguna complicación… En mayor o menor medida, todas aquellas que algún día deseamos ser madres nos preguntamos por ese gran momento, con miedo, ilusión, ternura, alegría, esperanza y un sinfín de sentimientos difíciles de explicar con palabras.
Por desgracia, para muchas mujeres todos esos deseos e ilusiones se ven truncados en la primera consulta médica, una vez su pequeño ya crece en su interior y deciden dar a luz en un hospital. Por lo visto, las mujeres poco tenemos que decir en lo referente a ese momento, que es exclusivamente nuestro, de nuestra pareja y de nuestro hijo.
Pronto, tanto en la consulta médica como en algunas mal llamadas clases de preparación al parto, la mujer se da cuenta de que hay un protocolo médico establecido, unas pautas, unas normas, un sistema inquebrantable de procesos médicos indiscutibles, según ellos, y si se nos ocurre cuestionar alguna práctica, fácilmente argumentarán que somos unas irresponsables por no preocuparnos de la salud de nuestro hijo. El arma más habitualmente esgrimida contra nosotras es el miedo a que le ocurra algo a nuestro bebé. Rápidamente acabaremos asumiendo que debemos callarnos, puesto que son ellos los que saben y la naturaleza y nosotras no sabemos nada.
El natural momento de dar a luz se ha convertido en una sucesión de negligencias, prácticas totalmente desaconsejadas por la Organización Mundial de la Salud, plagadas de ataques a la dignidad de la mujer, aprovechando el miedo, la extrema sensibilidad y el estado vulnerable de la mujer, tanto física como psicológicamente, en el momento del parto. Todo con el fin de hacérselo más fácil a los médicos, comadronas y enfermeras (no a nosotras). El parto es un acto totalmente instintivo y para el cual nuestro cuerpo está preparado desde que existe nuestra especie, pero actualmente se antepone el ahorrar tiempo y dinero, en lugar de prestar la atención adecuada y dejar que el parto siga un proceso natural, e intervenir sólo cuando sea necesario y sin recurrir a la excesiva medicalización. Esto parece resultar demasiado costoso para nuestra sanidad.

Hablemos de las prácticas y las negligencias

Desde el momento en que la mujer entra en un hospital público para dar a luz hasta que sale de él, se encontrará en la mayoría de los casos con muchas de estas prácticas desaconsejadas, que analizaremos a continuación. Excluiremos las prácticas realmente necesarias e inocuas para la madre y el bebé, como pueden ser toma de tensión, toma de temperatura… y prácticas no intervencionistas ni agresivas que sirven para comprobar el correcto estado de salud la madre o del bebé:

  • Rasurado: Tan sólo llegar, la mujer es sometida al rasurado de su vello púbico a manos de auxiliares o enfermeras con la supuesta intención de evitar infecciones. Sin ningún tipo de intimidad y sin posibilidad de negarse. Al no estar demostrado un riesgo infeccioso real en el caso de no realizar el rasurado, la OMS tacha esta práctica de innecesaria y se desaconseja a mujeres que no lo soliciten a petición propia, ya que genera una posterior irritación en la zona, extremadamente sensible después del parto. Esta práctica se hace sistemáticamente y no se pregunta a la mujer si lo desea o no, ya que, por lo visto, es mas cómodo para el personal de atención al parto que la zona esté rasurada.
  • Enema: Posteriormente se somete a la mujer a la introducción de un enema para realizarle un lavado intestinal. Esta práctica, que supuestamente también es para evitar infecciones en el momento del parto y facilitar la bajada del bebé al no haber nada en el intestino, causa deshidratación y malestar en la madre debido a los retortijones y el dolor abdominal que se suman a las contracciones. Aunque está desaconsejado realizarlo una vez la mujer ha roto aguas, ya que las heces podrían tomar contacto con el líquido amniótico e infectar la zona, se practica de forma sistemática y también sin posibilidad de replica. La OMS declara que la mujer debe poder decidir si cree necesario o no el enema, puesto que no hay ningún estudio que demuestre que se reduzcan las infecciones utilizándolo ni que se facilite la bajada del bebé. Nuevamente, parece una práctica impuesta por comodidad del personal sanitario.
  • Monitorización externa, correas y monitorización interna: Una vez terminados los anteriores procesos, a la mujer se le priva de ningún tipo de movimiento, es obligada a estar tumbada en una cama en posición horizontal para monitorizar al bebé. El estar tumbada, en posición horizontal es totalmente antinatural para el progreso de un parto, ya que el bebé necesita de la ayuda de la gravedad para ir colocándose, necesita que la madre le estimule, que ande, que se siente cuando esté cansada, que se mueva si lo necesita, que tome un baño o una ducha si lo prefiere, que durante el tiempo de dilatación, y conforme las contracciones se vayan haciendo más fuertes, ella esté cómoda y tranquila y en la posición que su cuerpo le pida. En definitiva, madre e hijo necesitan poder acomodarse según el momento del parto en que se encuentren. Esto en nuestra sanidad es imposible; para controlar los latidos del bebé y que lleguen a una sala externa donde están las enfermeras para su control, se monitoriza al bebe ya sea con las correas que mantienen literalmente atada a la madre o bien con algo muchísimo más traumático aún como es la monitorización interna. Esta práctica consiste en clavar un electrodo en la pequeña cabecita del bebé a través de un cable introducido desde la vagina hasta el útero de la madre. Aparte de la extrema incomodidad, se añade la posterior cicatriz en la cabecita del bebé después de haber recibido literalmente un pinchazo para la colocación del electrodo. Ningún tipo de monitorización electrónica interna o externa sería necesaria en partos de bajo riesgo (donde no haya complicaciones o riesgos reales por enfermedades de la madre o el bebé) ya que, según la OMS, hacer una auscultación cada 15 ó 30 minutos en la fase de dilatación es más que suficiente para controlar la frecuencia cardíaca del bebé… El problema es que en los grandes hospitales el personal de atención al parto simplemente no entra a la habitación de la madre a comprobar el correcto latido del bebé sino que observa los monitores desde una gran sala adonde llegan las constantes de todos los bebés monitorizados. Por lo tanto, de nuevo, la inmovilización de la madre, las correas y los electrodos en las cabecitas de los bebés se realizan triste y únicamente por comodidad del personal sanitario.
  • Tactos, médicos, residentes y personal en prácticas: Los tactos vaginales múltiples para comprobar el estado de dilatación son otro “regalo” al que se enfrentan las mujeres durante el proceso de parto. Si bien en ese momento las mujeres necesitamos más que nunca confiar en la persona que nos atiende, lo último que necesitamos son tactos bruscos, realizados por residentes o aprendices que anteponen su aprendizaje a nuestro derecho a la dignidad, a la atención correcta y al máximo cuidado. Es lógico que un residente deba aprender a realizar tactos correctamente para completar su formación, pero lo que no es lógico es que ni siquiera pregunten a las madres si están de acuerdo o no con que se lo realicen. Lo que no es aceptable es que los tactos los haga cada vez una persona distinta y que cada vez que alguien pase por allí se dedique a hurgar en nuestro interior como si fuéramos un buzón. Las mujeres tenemos derecho a negarnos a que nos utilicen como cobayas y exigir que los tactos los realice exclusivamente el médico o comadrona asignados a la atención de nuestro parto.
  • Sueros glucosados y oxitocina sintetica: Este es uno de los puntos más alarmantes y donde se cometen por sistema ya no sólo prácticas desaconsejadas sino puras negligencias. La oxitocina sintética es una sustancia utilizada para inducir y acelerar el parto, aumenta el ritmo de las contracciones y acorta el periodo natural del alumbramiento. Hasta aquí no debería de haber ningún tipo de problema si se administrara en casos en los que realmente es necesaria si el parto deja de tener un ritmo sano y natural que pueda generar verdaderas complicaciones. El problema real es que esta sustancia se administra por sistema en los supuestamente inofensivos sueros glucosados para corromper el ritmo natural del parto y que todo sea más rápido y, por supuesto, en la mayoría de casos sin el conocimiento de la mujer o bien justificándolo como medida necesaria cuando realmente no lo es sino que lo que se pretende es acabar cuanto antes. Esta sustancia genera un sufrimiento fetal agudo y grave y contracciones dolorosísimas para la madre en la mayoría de los casos. Por si fuera poco, la administración de esta sustancia puede provocar hipertonía, es decir la contracción permanente del útero, sin relajación, situación de riesgo total para la madre y el bebé que generalmente deriva en una cesárea urgente para evitar la posible rotura del útero. Y aun así, sin llegar a esos extremos, la oxitocina mal administrada es igual a parto antinatural y traumático. Por supuesto, la mujer no sólo tiene el derecho de exigir que no se le aplique, sino que en el caso de que se le aplicara sin su consentimiento (como se hace en la actualidad, ya que ni siquiera se informa de ello) estaríamos y estamos delante de una total negligencia médica.
  • Anestesia: Desde luego, una mujer puede decidir o no solicitar anestesia para el parto según su nivel de resistencia al dolor. La anestesia epidural es la más utilizada en estos casos, si bien aporta grandes beneficios a muchas mujeres, también aporta ciertos riesgos. Por ejemplo, durante la punción en la medula mientras la mujer está con contracciones hay que asegurarse que quien la administra tiene un excesivo cuidado de no dañarla y de realizar la punción correctamente. También es necesario recalcar que muchas mujeres que desean tener un parto natural se ven obligadas a pedir este tipo de anestesia después de haberle sido administrada la oxitocina porque, como señalábamos anteriormente, el dolor y el ritmo de las contracciones es tremendamente superior al de un parto natural. Muchas mujeres influenciadas por su entorno, el personal médico, etc. desgraciadamente han adquirido la idea de que el parto natural es sinónimo de atraso y de que, cuanto más medicalizado e instrumentalizado sea el parto, mejor para ellas y sus bebés. En cambio, muchas otras mujeres, madres por segunda o tercera vez y con partos anteriores con anestesia, se deciden por el parto natural para sus siguientes embarazos debido a la necesidad de sentir realmente el momento del nacimiento de su bebé y aceptar el dolor como algo natural, que forma parte del parto y para el que la naturaleza nos ha preparado perfectamente.
  • Paritorio y potro: Una vez llegado el momento de dar a luz, la mujer se encuentra en muchos casos con un panorama siniestro, un paritorio o quirófano, tremendamente frío, alicatado hasta el techo, con cientos de instrumentos quirúrgicos, semidesnuda y rodeada de extraños, todo ello más parecido a una sala de despiece que a un lugar acogedor y adecuado para ver y sentir nacer a su bebé. El potro (lugar dónde se tumba a las mujeres para parir) no es nada más alentador. La postura a la cual se ven sometidas, según expertos y la OMS, es totalmente antinatural para dar a luz cómodamente, puesto que sigue estando en una posición semihorizontal, sin la ayuda de la gravedad y sin un buen lugar de apoyo ni para las piernas ni para hacer la fuerza necesaria para empujar. Este tema ha sido ampliamente debatido por expertos y se ha llegado a la conclusión que simplemente se pare así porque es la postura más cómoda para los que asisten el parto. De nuevo prima la comodidad de los médicos antes que la de la mujer, puesto que, por ejemplo, según los expertos una de las mejores posturas para parir es en cuclillas, o en una sillita especializada con las piernas fuertemente flexionadas y apretadas contra el suelo para facilitar los momentos en los cuales es necesario empujar. Desde luego, para que un médico pudiera atender un parto así, debería estar agachado, prácticamente tirado en el suelo, o bien sentado junto a la mujer o sujetándola o, en definitiva, prestándole la ayuda necesaria, cosa que por lo visto no están dispuestos a hacer. Obviamente el potro sí es necesario para los partos con anestesia, ya que la mujer al tener parte o todo el cuerpo dormido no puede sostenerse por si misma, pero a su vez está totalmente contraindicado en los partos naturales.
  • Episiotomía, fórceps y cordón umbilical: La episiotomía es otra práctica sistemática y supuestamente necesaria que se aplica con mucha frecuencia. Consiste en que, en el momento en que el bebé está saliendo, se corta el perineo de la mujer desde la entrada de la vagina hasta prácticamente el ano. Esta práctica está justificada por los médicos para evitar desgarros durante la salida del bebé. Los desgarros son evitables protegiendo y cuidando especialmente el perineo con tácticas específicas en el momento en que esta saliendo el niño, pero por no se sabe por qué motivo, los médicos prefieren directamente “cortar por lo sano” sin tener en cuenta la molestia y dolores que suponen para la mujer los puntos que se aplican para cerrar el propio corte que ellos mismos realizan, siendo innecesarios tanto corte como puntos si se aplicara un cuidado especial en la zona. Los puntos se infectan con gran facilidad y requieren un cuidado muy riguroso, y en muchas ocasiones las mujeres sufren dolores en sus posteriores relaciones sexuales debido a esta mala práctica. Por otro lado, los pequeños desgarros naturales algunas veces producidos por el parto sin cortes externos ni puntos, suelen cicatrizar solos y sin ningún tratamiento especial ni trauma posterior para la mujer. Los fórceps, instrumento metálico en forma de doble cuchara, parecido a unas enormes pinzas, se utiliza para sacar al bebé una vez avanzado el parto por la cabeza si ha quedado encajado y es difícil que salga de forma natural. El problema de este instrumento es que provoca daños en el bebé y un destrozo en los genitales de la mujer. Su utilización debería de estar limitada a casos de extrema gravedad en los que realmente peligrara la vida del bebé o la madre; pero tristemente, como todas las prácticas anteriores, se utiliza mucho más de lo debido y a consecuencia del cúmulo de despropósitos médicos anteriores que imposibilitan que la madre tenga un parto sano y natural. Una vez el niño ha conseguido nacer, el personal médico corta el cordón umbilical al instante y separa a la madre y al hijo, en muchos casos sin ni siquiera permitir que se rocen, con la excusa de hacerle pruebas al bebé. Según los expertos, el cordón umbilical no debe de cortarse hasta que deja de latir, aproximadamente puede tardar entre 10 y 30 minutos. Esto en la mayoría de hospitales no se respeta lo más mínimo, principalmente porque, si se ha aplicado oxitocina a la madre, por riesgo para ambos sí es necesario cortar el cordón umbilical al instante. Pero tampoco en los casos de parto sin oxitocina se deja a la madre y al bebé seguir compartiendo unos minutos más de unión necesarios tanto para su bienestar físico como emocional.
  • Cesáreas programadas, innecesarias y por encargo: Actualmente nos enfrentamos a una estadística más que sospechosa; el porcentaje de nacimientos por cesárea ha aumentado hasta llegar al 40% de los nacimientos en algunos hospitales. Este porcentaje es demasiado alto como para representar el número de cesáreas que se realizan por verdadera necesidad. Si esto fuera así, representaría que el 40% de las mujeres españolas no somos capaces de dar a luz de una forma natural. Es decir, que casualmente en los últimos 60 años casi la mitad de las mujeres españolas han perdido su capacidad natural para la cual la naturaleza nos ha preparado a conciencia, parir. No es difícil darse cuenta de la imposibilidad de que eso sea real y del engaño al que nos pretenden someter. En la actualidad, la cesárea se utiliza por desgracia demasiado a la ligera, por encargo o para ahorrar tiempo. Muchos son los médicos que programan una cesárea en los primeros meses de embarazo por cualquier motivo recurrente para no tener que atender un parto que puede durar horas. Algunas mujeres solicitan la cesárea simplemente porque no desean parir naturalmente y aguantar el proceso natural del parto y, aun lo que es más grave, en muchos casos frente a cualquier complicación normal de un parto los médicos antes de intentar solucionarlo y dedicarle su tiempo deciden abrir y punto. Una cesárea es algo traumático, una operación quirúrgica que requiere rasgar el útero de la mujer y dificulta posteriores embarazos y partos. La recuperación de la herida y los puntos es dolorosa, dificulta la lactancia, y son frecuentes las infecciones. Debería de ser la última salida, el último recurso, pero por desgracia ya se ha convertido en una vía más que frecuente para beneficio y comodidad de médicos y un gran agravio para muchas mujeres que ven como les es arrebatado de su vientre su bebé sin darle la oportunidad de nacer naturalmente.

Es obvio que hay hospitales más respetuosos con las mujeres y más sensibilizados que los que siguen este tipo de protocolos, nuestra intención no es demonizar a toda la clase médica ni mucho menos, ya que somos conscientes de que hay buenos profesionales que sí se preocupan por las madres y los bebés tanto en hospitales públicos como privados, pero creemos necesario denunciar este tipo de abusos que realmente se están cometiendo por sistema y lejos de ser casos aislados.

¿Qué hacer para evitar que nos sometan a estas prácticas en un hospital? Infórmate y defiende tus derechos

En el caso que se decida parir en un hospital son muy útiles estos consejos:

  • Lee mucho sobre el embarazo y el parto, busca libros, textos o páginas de internet sobre todo lo que tengas dudas, habla con madres sobre sus experiencias, fórmate una opinión propia y plantéate cómo quieres que sea tu parto, dónde, cómo y quión deseas que esté contigo, qué protocolos deseas aceptar y cuáles no.
  • Desde la primera visita de control del embarazo al médico, infórmale de cuáles son tus deseos, cómo quieres que sea tu embarazo y tu parto, lo que estás dispuesta a aceptar y lo que no. Exige toda la información posible sobre cualquier duda que te surja y exige que se respete siempre tu opinión. Si rechazan tus exigencias, acude a otros profesionales, pide siempre una segunda opinión y valora otras alternativas.
  • Conoce el hospital en el que vas a dar a luz antes de que llegue el momento, comprueba que todo te parezca correcto, conoce al personal sanitario, pregunta acerca de los protocolos, plantéales como deseas dar a luz y si realmente tus deseos serán posibles allí y, si te es posible, habla con madres que hayan tenido allí a sus hijos. Si el centro no te convence busca otras alternativas y no te resignes.
  • Acude si lo crees necesario a clases de preparación al parto, pero siempre que se ajusten a la forma en la que tu deseas parir. En muchas clases de preparación obligan a aceptar a las embarazadas muchos de los protocolos anteriormente descritos; si no deseas que se te apliquen, hazlo saber e informa a las demás mujeres de que están en su derecho de no aceptarlos. Si deseas parir con tu pareja presente, exige que él pueda participar activamente en las clases de preparación.
  • Una vez llegado el momento no aceptes engaños por parte del personal médico para planear el momento de tu parto según su conveniencia, ni por cesárea ni por inducción. Intenta siempre esperar a que el parto sea espontáneo y natural, no acudas a que te lo provoquen a no ser que realmente sea necesario y hayas confirmado con otros médicos y especialistas que tú o tu bebé corréis algún tipo de peligro en el caso de esperar más o no realizar la cesárea.
  • Si en algún momento durante el parto sientes que no te atienden correctamente, que no están respetando tu opinión y que vulneran tus decisiones, tu derecho a estar perfectamente informada de todo lo que se te realice y a tomar parte en tu propio parto, no te resignes, no te dejes intimidar ni te sientas mal por exigir tus derechos. Si no consigues que te respeten por ti misma informa y pide ayuda a tu pareja o familiares y haced frente común.
  • Una vez nacido tu bebé exige información de su estado y si sientes que lo tienen alejado de ti demasiado tiempo de una forma gratuita, reclama, solicita toda la ayuda que necesites así como si crees que se están excediendo, infórmales también. Recuerda que tienes derecho a decidir acerca de las vacunas y pruebas, tanto como si quieres o no que se realicen allí como si prefieres realizarlas en tu pediatra. Si por la circunstancia que sea decides que quieres regresar a casa antes de recibir el alta y sientes que tu bebé y tú vais a estar mejor allí exige el alta voluntaria. Reclama tu historial así como el informe de tu parto y comprueba que todo lo que pone sea correcto, si compruebas que hay alguna anomalía o algo no está correcto exige que lo rectifiquen.
  • Si en algún momento mientras has estado en el hospital crees que han cometido algún tipo de negligencia no te calles y lo olvides, reúne todas las pruebas posibles y habla con quien pueda asesorarte para poner la correspondiente denuncia. Aunque sea complicado hoy por hoy que se castiguen las malas prácticas médicas, es tu derecho y deben pagar si sus errores te han ocasionado algún daño a ti o a tu bebé.

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