Don Miguel Serrano. Por Ramón Bau

Publicado originalmente en 2009. Revisado en 2019.


He dejado pasar voluntariamente un cierto tiempo tras su fallecimiento para escribir unas líneas sobre Don Miguel Serrano, precisamente porque no es la muerte, ni el nacimiento, una fecha especial que determine una existencia global, porque no es la muerte lo que precisa explicaciones o alabanzas, como no es el nacimiento lo que caracteriza a un ser humano.

La vida y la muerte

La muerte es parte de la vida, no es el fin ni es algo terrible, es un momento más de una existencia vital. La vida de alguien no se para en la muerte, para un cristiano mediante la creencia en otra vida, para mí mediante la repercusión que la actividad y la personalidad en los años de vida deja sobre la existencia global.

El Dr. Fleming murió en un día cualquiera, pero su obra se repite en cada consecuencia de su aportación médica, y la entereza extraordinaria de Tomás Moro, su calidad humana, nos alienta tras siglos después de su muerte. La obra de un artista sobrevive, como las maldades de los usureros y los criminales se recuerdan y repercuten mucho después de su actividad. Y no solo en sus consecuencias físicas sino en el desprecio a la maldad pasada o el orgullo de la belleza creada por otros.

Pero es que además, incluso cuando una actividad no tiene repercusiones concretas, eso no quita la trivialidad de la muerte. La vida de cada uno es solo un destello temporal, infinitamente mínimo en la Naturaleza y el Tiempo, pero ese destello puede dignificar la existencia global, o puede ser absolutamente inútil, anodina, o bien ser un oscurecimiento de la dignidad de la existencia general.

Por ello, el momento de abandonar la vida física es solo una parte de esa aportación a la existencia general de la Naturaleza, a la dignidad general entendida como parte esencial del mundo.

Una vida vacía, sin dignidad y lucha, sin aportación elevada, es un desperdicio de la energía natural en aras de la mera existencia biológica. Es en este sentido que el racismo meramente biológico, o sea, basado en la mera voluntad de conservación genética por sí misma, no tiene sentido elevado. El racismo es algo digno en tanto busca la calidad en la obra y la liga a una calidad biológica, que aporta una diversidad de culturas y posibilidades, no a una mera cuestión de genes.

En este sentido la vida de cada persona puede ser, aunque no sea en absoluto lo normal, una aportación a esa dignidad, a ese sentido de estar orgulloso de la existencia en general. Ese sentir que se ha hecho algo grande o que ha existido alguien digno.

La persona antes que la obra

Siempre he indicado que la obra esencial de Don Miguel es su ‘Autobiografía’, lo demás es posterior. La persona, que no solo el ser humano, es lo que dignifica una obra, no al revés. La obra de un ser indigno puede ser útil, pero no presenta esa dignidad de lo humano, de lo superior. Es solo utilidad, no aporta elevación a la humanidad en general.

La vida de Don Miguel es un ejemplo de dignidad, esta es su grandeza. Sí, hizo muchas más cosas de las que hablaremos, pero sin esa grandeza de espíritu, sin esa limpieza de corazón, sin esa entrega y sacrificio personal, sin esa bondad y constancia, sin esa fidelidad a los valores… la obra no tiene más importancia.

Leyendo su autobiografía, y habiendo podido tratar con él personalmente, es cuando uno descubre en Don Miguel a la persona, al ser superior, independiente de toda ‘ideología’.

No es en su tremenda labor de literato, o de embajador, o de escritor, o de camarada, donde descubrimos su esencial dignidad, sino en su lucha, en su sacrificio absoluto en aras de valores elevados. En los momentos más duros, perseguido, acosado, insultado por todos, arruinado tras la guerra, despedido de todo éxito mundano, es allí donde la dignidad se cultiva.

Luchar 10 años es ya un mérito hoy en día, pero hacerlo 50 años es una heroicidad, y hacerlo hasta la muerte con más de 90 años es algo casi sagrado, un hecho que eleva la consideración a lo humano, que buena falta hace cuando la generalidad nos hace tender a despreciarlo en vista de su decadencia y degeneración.

Siempre he tenido por Don Miguel un aprecio personal profundo, una admiración constante, pese a la distancia física y a no ser yo un seguidor esotérico en absoluto. Pero es que Don Miguel me daba esa ilusión de que es posible hoy, incluso en medio de tanta mediocridad, bajeza y ruindad oficial y generalizada, la existencia de personas especiales, elevadas, como venidas de otro mundo y raza, externas a lo común e inmunes a la decadencia global.

Y esa percepción se confirmaba no solo en su persona sino en el pequeño grupo íntimo de amigos que le rodeaban, con su extraordinaria esposa Sabela en primer lugar. Muchas veces les decía que fuera de algunos del grupo inicial de CEDADE, en especial en el entorno de su fundador, solo en Chile había encontrado ese mismo estilo íntegro y firme como un diamante puro.

La obra

Las facetas de la obra de Don Miguel no deben reducirse a sus libros políticos ni del hitlerismo esotérico, es ante todo un poeta, un hombre de sentimientos, que expresa de muchas formas. En libros, en relaciones, en su acción diplomática, en poemas y literatura, en enseñanza a los que le rodean… un verdadero poeta no es solo quien escribe poesía, sino quien vive la poesía, vive en el sentimiento y lo refleja en todas sus obras.

Don Miguel era un verdadero poeta. En todo.

No es importante que conociera como diplomático a grandes personalidades, sino que su acercamiento a ellas fue sensible, personal, no profesional. No buscaba solo resolver temas diplomáticos sino que sentía una relación elevada. No fue el diplomático el que era amigo de Indira Ghandi o de Nerhu, y menos el que fue primero a recibir al Dalai Lama en la frontera del Tibet al exilarse, fue el ser humano, que además era diplomático.

Su literatura poética no es muy conocida, aunque merezca estar entre los grandes literatos chilenos del siglo XX, pero lo que es más triste es que no es conocida por la mayoría de camaradas que se centran solo en su obra Hitler-esotérica.

Y su obra política, directamente nacionalsocialista, efectuada con repercusión en gravísimos problemas económicos, ya bien afectada su economía por las restricciones que los gobiernos democráticos lanzaron contra su retiro como diplomático, pero siempre consideró el dinero como un mero instrumento, nunca tuvo en la economía su punto de vista, tema que es una característica inefable de todos los grandes hombres.

No hay que valorar solo el volumen de su lucha NS sino el sacrificio que le comportó, los esfuerzos y sufrimientos que tuvo que soportar para ello.

Están además sus actos públicos, nunca se ocultó, dio la cara siempre, no usaba pseudónimos ni dejaba de salir en fotos en actos con la esvástica. Fue valiente en todo, pero sobre todo en no temer la crítica, el odio y el desprecio de los medios de masas.

Queda por fin su obra en el hitlerismo esotérico, tema que no comparto. En realidad me apena que se le recuerde a menudo casi exclusivamente por ello, aunque esta sea su faceta más original y especial, porque esa misma cuestión ha ocultado a muchos sus facetas humanas y su valor en las demás actuaciones.

Las críticas

Sería todo esto solo apología si no hiciera referencia a las críticas que Don Miguel ha suscitado, no entre la chusma de los servidores del Sistema (de cuyas críticas solo debemos que estar orgullosos), sino entre los propios medios afines al nacionalsocialismo.

Los grandes hombres, las personas especiales, son siempre objeto de una crítica feroz, porque sus virtudes y sus luchas son de tal calibre y grandeza que en todo son extremas. No hay medianías, no hay cesión, son personas que viven su grandeza al extremo, sin concesiones a lo amable o lo ponderado para gustar a otros.

Pero en el caso de Don Miguel NUNCA he oído una crítica a su persona, pues era amable, ponderado y generoso en el trato. Ha sido su obra esotérica la que ha levantado ampollas, y aun más, diría yo, las extrapolaciones que de esa obra han sacado los esoteristas menos dotados.

Creo que el comentario editado en Ciudad de los Césares num. 84 sobre Don Miguel, expone algo sobre este tema:

“Esas que algunos extraviados llamaron ‘extravagancias’ nunca han de ser rebajadas a cuestiones políticas, y han de ser entendidas en su valor surreal y simbólico, que forman parte del ‘mitema’ y corpus serranista, fundado en una amplísima cultura literaria, mitológica y simbólica. Y no podría descartarse, ya que su letra es el testimonio de un ascenso, que impliquen en signos difíciles y espléndidos, en su grado mayor de arduidad, de oficio poético, un grado muy superior de evolución espiritual y desprendimiento alquímico de la escoria. Don Miguel Serrano ha sido un antes y un después no sólo en la literatura chilena sino en la del orbe hispánico todo. No hay diversos Serranos, existe el gran artista unívoco, de exigencia suprema y de un don sobrenatural de la palabra como fuente secreta y arcano mayor. ‘En el principio era el verbo’ y Don Miguel Serrano muestra en su ejemplo y su radical inconformismo y su necesidad tan sostén e inspiración de diversas aventuras espirituales, que Chile ha perdido un talento muy por encima de la mediocracia imperante y genio único de sí mismo…”

Comprendo las críticas a las teorías del hitlerismo esotérico, lo que no comprendo es que estas críticas sobrepasen ese tema y se quieran extender a la persona de Don Miguel.

No soy cristiano, y me gusta poquísimo la teología cristiana, pero no por ello dejo de admirar a muchas personas extraordinarias que ha dado el cristianismo, empezando por Cristo.

Las críticas a temas esotéricos no comprometen a la persona y menos a su valía.

La niña Bernadet de Lourdes tuvo una aparición de la Vírgen y llevó luego una vida religiosa, sencilla y ejemplar de espiritualidad. Podemos criticar la realidad de la aparición pero no la valía de su espiritualidad y vida posterior.

Hay temas que pueden dudarse, incluso considerarlos ‘extravagancias’, pero nunca han sido algo contra los valores esenciales sino en su favor. Su realidad material es discutible pero su intención y valores son positivos.

Es evidente que la mayor crítica viene de la ‘imagen’ que esos temas pueden dar a la gente sobre el nacionalsocialismo. Eso es cierto y sería un problema grave en una etapa de lucha política directa en la que esos temas se usaran por el Partido. La gente no entendería estos temas y además serían muy fácilmente utilizables para atacar la política revolucionaria por parte de los medios de prensa enemigos.

Pero esta no es la situación actual, de forma que los debates esotéricos, que se conservan en un estado interno y no político, no tienen esa faceta tan negativa, más aun si se tiene cierto cuidado en no presentarlos como la ‘esencia política’ sino como una faceta espiritual personal, una visión no oficial ni obligada en el NS.

El futuro con Don Miguel

La esperanza es pues que ese legado de estilo, de dignidad, se mantenga en Chile, en ese mágico Chile que tanto amó Don Miguel, que allí se mantenga esa llama que es única.

Hay mucho a hacer pero, sobre todo, antes que nada, mucho por NO perder, no perder ese estilo, esa constancia, esa dignidad en toda la conducta, sea política o no.

Unos pocos tienen aun la posibilidad de acabar esa ‘Autobiografía’ con los años que faltan, sus pensamientos y sentimientos, sus letras y sus obras.

La vida sigue, Don Miguel puso una piedra más en esa escalera de ascensión de lo humano a lo sobrehumano, a lo elevado, pero cada uno llevamos una piedra, podemos hundirnos con ella en el fango de la vulgaridad, arrastrarla pesadamente por lo vulgar, o cargar con ella y, sudando sangre, elevarla a la escalera ascendente.

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