El nacionalsocialismo en nuestro tiempo. Por Klas Lund

Publicado originalmente en Nordic Resistance Movement.


Mi opinión personal es que Adolf Hitler fue una de las figuras más importantes del siglo XX. Sin embargo, debido a la propaganda, los intereses políticos y las reacciones emocionales que rodean su vida y su legado, los juicios emitidos sobre él y sus creencias se vuelven difusos. Esto tampoco se aplica únicamente a nuestros oponentes, sino también a nosotros.

Quienes reconocemos a Hitler como uno de los mayores reformadores sociales siempre debemos tener cuidado de evitar ser atraídos hacia cualquier tipo de adoración cultural o religiosa de él. Tales enfoques irracionales no nos ayudarán en la lucha. Hitler era un ser humano y, como todos nosotros, tenía fortalezas y debilidades. Era un hombre que operaba en una época difícil, un hombre que tomaba decisiones buenas y malas. De hecho, es por estas mismas razones que se puede decir que es más digno de admiración que si fuera un semidiós.

Debemos seguir siendo sensatos cuando evaluamos el mundo que nos rodea. Las reacciones irracionales son un obstáculo. Debemos ser autocríticos y comprender que no se puede permitir que nuestra lucha se convierta en sectarismo o alguna forma de ortodoxia en un intento de replicar el brillante ejemplo del III Reich. Tales tendencias en nuestra organización deben ser opuestas por no ser constructivas.

Por otro lado, tenemos una tarea importante en la rehabilitación de Hitler y en devolverle el lugar que le corresponde en la Historia. Esta es una necesidad absoluta para el renacimiento y la victoria final de nuestra causa. Pero aunque esto es parte de nuestra misión política, no significa que estemos obligados a promoverlo en nuestra lucha diaria como movimiento. Debemos aprender a separar ambas cosas.

También debemos reconocer que Hitler a veces cometió errores de juicio, y que aquellos de nosotros que vivimos y peleamos setenta años después de su muerte no tenemos que defender todo lo que él o su gobierno hicieron. Tampoco estamos vinculados al programa político del NSDAP ni a las políticas del III Reich. De hecho, al reconocer los errores que cometió el III Reich, también podemos aprender de ellos.

Debemos entender que el panorama político ha cambiado dramáticamente desde la II Guerra Mundial. Rusia ya no es comunista, Alemania ya no es nacionalsocialista, y así sucesivamente. Los viejos amigos y alianzas han terminado, y hoy los viejos amigos son a veces enemigos, y los viejos enemigos son amigos. No podemos usar un mapa desactualizado como guía. Si lo hacemos, perderemos nuestro camino. El conocimiento histórico debe ser algo que nos permita comprender el presente y el futuro, no algo que nos ciegue.

Por ejemplo, los nacionalsocialistas no debemos otorgar demasiada importancia a las fronteras artificiales de las naciones. No somos nacionalistas culturales o cívicos, aunque el propio nacionalsocialismo evolucionó a partir de un temprano pensamiento nacionalista. Nuestra lealtad es para el momento presente en el tiempo y no está vinculada a ningún país específico. Las fronteras han cambiado y seguirán cambiando en el futuro. Las situaciones geopolíticas, y por lo tanto las estrategias apropiadas, están en constante cambio.

Si el nacionalsocialismo quiere sobrevivir y competir, ahora y en el futuro, entonces debe adaptarse a las condiciones actuales para dar respuesta a las preguntas importantes de hoy y de mañana. Al mismo tiempo, sin embargo, no debe perder su esencia. Este es un acto de equilibrio difícil pero, sin embargo, es necesario. Podría ser mucho más fácil eliminar el término “nacionalsocialismo” y llamarnos a nosotros mismos de otra manera. Sin embargo, en la práctica, es probable que esto solo conduzca a diluir nuestras creencias o a aceptar un estancamiento ideológico que garantice la marginación.

Por lo tanto, la elección para nosotros no es decidir entre “liberalismo” y “conservadurismo” cuando se trata de nacionalsocialismo. Nuestro objetivo debe ser una evolución ideológica. En lugar de dar un paso atrás en la Historia y elegir un concepto ideológico más ambiguo como el nacionalismo, debemos trabajar por un nacionalsocialismo fuerte como una visión del mundo clara y distinta para nuestro tiempo. Debemos adaptarlo a nuestras necesidades aquí y ahora, al igual que un organismo vivo se desarrolla a través de la evolución, o se mejora una tecnología para afrontar nuevos desafíos.

Debemos poder lograr este cambio sin distanciarnos del nacionalsocialismo o renunciar a él por completo. No es nuestro objetivo endulzar nuestras creencias o cambiarlas por algún sustituto adulterado; nuestro objetivo es crear el nacionalsocialismo apropiado para el día de hoy. Esta es una de nuestras tareas más importantes. Queda por ver hasta qué punto podemos lograrlo. Pero si alguien puede tener éxito, y proteger nuestra causa de la liberalización, somos nosotros en el Movimiento de Resistencia.

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