25 años sin Léon Degrelle. Por Ramón Bau

Un triste 31 de marzo de 1994 fallecía Degrelle en un hospital de Málaga, han pasado pues 25 años.

Conocí a Degrelle en CEDADE, cuando decidió arriesgarse aun más, mucho más, y ofrecer varios actos, algunos en los locales de CEDADE pero otros en locales públicos, tanto en Barcelona, en los años 1979, 1980 y 1981, como en Madrid, en 1987, 1988 y 1989 con ocasión del 30 de enero, aniversario de la revolución nacionalsocialista.

Mi esposa presentó a Degrelle en el acto público de Barcelona. Además editamos el libro de Degrelle “Memorias de un Fascista” en Ediciones Bausp-Wotan y estuve con él en nuestro local cuando los dedicaba a los asistentes.

Lo que me impresionó de Degrelle no fueron sus enormes aventuras de la preguerra, cuando podía haber logrado el poder legalmente en Bélgica con su Rex, ni en la guerra en Rusia, tan bien descrita en su libro “La Campaña de Rusia”. No, fue su valor tras la guerra, en el exilio, condenado a muerte en Bélgica, perseguido por agentes israelitas que deseaban secuestrarlo y llevarlo a Bélgica o a Jerusalén y, pese a ello, ya muerto Franco, o sea sin la protección de un régimen más o menos favorable, entonces precisamente es cuando empezó a participar en actos públicos o editar más libros, y no ceder ni en ideas ni en estilo ni en mensaje.

Para el propio Degrelle lo difícil y más valeroso no fue la guerra, sino la lucha en la derrota, a partir de 1946, que es cuando tuvo que luchar contra todo y todos, sin nadie al lado. Lo llamaba ‘la generación tras la derrota’.

Me dijo que admiraba la lucha constante de CEDADE, porque si un soldado en el frente desertaba, podía ser fusilado, pero ahora se podía desertar y aun vivir mucho mejor. Cuánta razón tenía, cuántos han desertado de las idea nacionalsocialistas en la paz, sin ser llevados a un tribunal por deserción, sino por el contrario para vivir más tranquilos con mil excusas…

Sin duda Hess y él mismo fueron los máximos exponentes de esa resistencia absoluta, sin esperanza, contra todo, pero no los únicos. Y no tenemos mejores ejemplos de ello que en los camaradas más humildes, pero no menos sacrificados, como fue Friedrich Kuhfuss. No serán intelectuales o electoralistas los que nos den ejemplos de valor y sacrificio hasta el final.

Era una personan sensible, no solo un soldado, era un poeta al que le tocó ser soldado.

Un hombre que escribía muy bien, sus libros que más me gustan no hablan nada de política directa, pero sí de Cosmología, como son “Almas Ardiendo”, “Mi Camino de Santiago” o “Mis Andanzas en México”.

Degrelle fue el ejemplo de las virtudes necesarias en la lucha actual, pero también para la vida normal. No estamos en 1930, todo ha cambiado en el entorno, pero las virtudes y los hombres somos de la misma naturaleza.

Estos ejemplos nos sirven para:

1- Evitar la infección de la modernidad. Todos estamos sometidos inconscientemente al bombardeo masivo de propaganda del enemigo, propaganda no solo ‘política’ sino sobre todo vivencial, inculcando malas costumbres, dejadez, egoísmo, individualismo, materialismo.

Una vida de honor pese a renunciar a beneficios, peligrando el trabajo, con toda la opinión en contra, sin nada que ganar.

2- Saber soportar la falta de éxito y soledad, sin depresiones ni tampoco aislacionismo. Muchos camaradas han sucumbido al ‘no hay nada a hacer’ (o similares como ‘hay que tener votos aunque sea cediendo ideas’), y con ello justificar un aislamiento egoísta, una torre de marfil personal o simplemente el chaqueteo.

3- Un ocio de alegría y humor limpio, frente al mal gusto, conciertos-cerveceros, el ocio del Sistema que asumen incluso muchos camaradas. Degrelle siempre estuvo contra esas fiestas de rock, contra la estética del tatuaje, etc.

4- No rendirse: Frente al utilismo, a la idea de pactar las ideas para obtener votos o miembros, al aceptar la misma palabra ‘democracia’ para no ser impopulares… Degrelle en sus actos nunca ocultó ser nacionalsocialista, ni trató de acercarse al ‘pensamiento correcto’ en nada.

5- Católico y SS: Eliminar los odios religiosos, las manías contra cristianos o contra paganos. Degrelle fue un ejemplo de que en las SS se podía ser un ferviente católico. Su libro “Almas Ardiendo” es un ejemplo de espiritualidad y amor, en vez de odios y venganzas.

Recuerdo su sonrisa, siempre amable, incluso en la situación más peligrosa jamás mostró ni cobardía ni blasonaba de valor, cumplía su deber sin más.

Nadie recordará a los traidores, a los que se recluyeron en el miedo, en la venta de ideas, pero nosotros honraremos siempre a los que, como Degrelle, lucharon sin esperanza pero sin ceder.

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