Por qué admiro a Adolf Hitler. Por David Myatt

Admiro a Adolf Hitler porque sé que era un hombre bueno, un hombre noble e idealista que se esforzó por crear una mejor manera de vida para su pueblo. He visto más allá de las mentiras que se han contado sobre Adolf Hitler, y sé que no fue la persona que sus innobles enemigos han descrito.

Admiro a Adolf Hitler porque sé que le devolvió al pueblo alemán, a quien amaba y por el que se preocupaba, su dignidad, su honor y su libertad. Admiro a Adolf Hitler porque creó y llevó a la victoria a un movimiento revolucionario cuyos ideales fueron y son importantes no solo para el pueblo alemán, sino para todos los arios: para todos los que son racialmente caucásicos.

Este movimiento que él creó y lideró vive hoy. Sigue viviendo en aquellos de nosotros que estamos orgullosos de llamarnos nacionalsocialistas. Soy un nacionalsocialista porque quiero que los arios, como raza, recuperemos la libertad que hemos perdido. Soy un nacionalsocialista, seguidor del nacionalsocialismo de Adolf Hitler, porque quiero que nuestros pueblos arios vivan de una manera noble y honorable en una sociedad noble y honorable.

Adolf Hitler y su nacionalsocialismo no son lo que sus enemigos les han hecho parecer. La verdad sobre Adolf Hitler y su nacionalsocialismo ha sido ocultada y suprimida durante más de cincuenta años. Sé que el nacionalsocialismo representa algo noble y bueno. Sé que el nacionalsocialismo es un movimiento por la libertad y el honor arios, y en contra de la tiranía anti-aria políticamente correcta del presente.

En mi propia vida he conocido y experimentado la belleza y la armonía. Esta belleza y armonía me han sido transmitidas, por ejemplo, a través de la música sublime y civilizada, como la compuesta por J.S. Bach. La he experimentado en un día cálido y soleado de verano en la campiña inglesa, cuando he caminado sobre los páramos y he escuchado los cantos de la alondra. Me lo transmitió la cálida sonrisa de una jovial mujer aria y la confiada sonrisa de su pequeño niño ario, que sostenía firmemente su mano mientras caminaban un día de otoño por las orillas de un río. Esta belleza me ha sido transmitida mientras escuchaba a un coro de niños cantando centenaria música de iglesia ​​en una antigua catedral…

En los muchos momentos en que conocí y experimenté tanta belleza y armonía, he sentido que así es como debe ser la vida: que la vida puede, y debería, poseer esa bondad. Y en muchos de estos momentos debo admitir que yo, un hombre, a menudo me he conmovido hasta las lágrimas, cautivado por una visión noble, un entusiasmo inocente, al igual que he sentido que hay un orden, un propósito, en la vida misma.

Para mí, el nacionalsocialismo puede hacer realidad esta noble visión. Para mí, el nacionalsocialismo es un medio para crear un mundo mejor, un modo de vida más noble y más justo. Entiendo el nacionalsocialismo como un medio práctico para llevarnos más allá del mundo mundano en el que vivimos ahora: un medio práctico para aliviar o acabar con el sufrimiento, la maldad, la injusticia, que ahora aflige a nuestra sociedad actual y al mundo en sí.

Por supuesto, muchos dirán que soy un idealista bastante ingenuo y poco práctico. Y, por supuesto, lo soy. Pero al menos he tratado de hacer realidad mi noble visión, mis nobles sueños, ya que sé que debo seguir intentándolo, a pesar de las dificultades, y a pesar de las mentiras que se han contado y de las que se siguen contando sobre el hombre que admiro y su movimiento, al que pertenezco.

Sé que la mayoría de mi propio pueblo cree estas mentiras. Sé que no entienden que el nacionalsocialismo representa algo bueno y noble, algo civilizado. Sé que, debido a las mentiras que se les han dicho, no asocian el nacionalsocialismo con un anhelo de libertad, de justicia y de armonía en el orden.

También sé que es poco probable que sean convencidos o persuadidos por palabras como las que ahora escribo. Pero debo intentarlo. Debo tratar de transmitir lo que sé y lo que entiendo que es la verdad, porque así mantengo viva la pasión por la libertad aria y el honor ario que vive dentro de mi propio corazón. Al escribir y pronunciar palabras como estas, expreso la esencia del nacionalsocialismo en sí mismo, más allá de los lemas políticos, más allá de los programas políticos. Doy voz mediante mis palabras y mi vida al noble idealismo que inspiró a Adolf Hitler y su movimiento nacionalsocialista, y que aún inspira a todos aquellos que se llaman a sí mismos nacionalsocialistas.

Fundamentalmente, admiro a Adolf Hitler y soy nacionalsocialista, porque deseo vivir entre mis semejantes, en una sociedad aria, civilizada y floreciente, entregada a la libertad y la justicia. Deseo vivir en una sociedad que valore y defienda el honor y que tenga un propósito evolutivo, noble, y que por lo tanto continúe la labor de la Naturaleza y cree individuos mejores y más evolucionados. Tal sociedad estaría en armonía con la propia Naturaleza.

Soy nacionalsocialista, seguidor de Adolf Hitler, porque me disgusta y a menudo odio el mundo decadente, injusto e innoble del presente con su crimen, sus drogas, su miseria, su mezquindad, su materialismo, su falta de idealismo, su total falta de comprensión del noble propósito evolutivo de la vida misma.

En esencia, soy nacionalsocialista porque me preocupo por mi pueblo y la civilización, la noble cultura aria que él han creado. Y quiero que mi pueblo sobreviva, florezca, sea noble y viva en libertad.

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